El cuerpo de la exuberante señora yace sobre su cama, congelada en la misma posición que hace ya cinco años. Sus gruesos brazos están inmóviles, rígidos pero a la vez flácidos por la grasa que los rellenaba. Hace cinco años que esta postrada a causa de un cáncer en los huesos, uno de esos cánceres que no paran con nada y lo carcomen todo. Tuvo que resignarse a eso por ya no poder moverse; sólo puede hablar, cuando no esta muy sedada. El mal que la aqueja no tenía cura ni mejora, era esperar el día para morirse, entre instantes de agonía y dolor sin pausa. Y ese día llego.
Cuando Martín abre la puerta del cuarto de su madre la imagen que encuentra lo remite a un cuadro que ha visto en su niñez; era uno en que un muchacho a los pies de la cama de que parecía ser su padre lo lloraba desconsoladamente, en donde con una mano acariciaba la cabellera del difunto y con la otra sostenía una daga empapada en sangre. Martín ve a su hermando Fernando arrodillado a los pies de la cama de su madre, que en silencio le toma de las manos, creyendo oír sollozos de tristeza.
¿Qué pasa Fernando?.- pregunta Martín.
Su hermano gira para verlo, y ve que no ha derramado lágrimas. Percibe que sus manos le tiemblan un poco, haciendo un esfuerzo para controlarlas.
Mamá, mamá esta muerta.-
¿Qué?.- las pupilas se le dilatan enormemente. El estupor lo invade acompañado de temor, pero temor a que no sabe. Lo toma de los hombros, y lentamente dice:
¿Qué?. ¿Estas seguro?.-
Si, murió Martín. Hace dos horas.
Martín mira sobre la cabeza de Fernando y sobre la mesa de luz ve la jeringa usada y el frasco de morfina vacío. ¿Qué hiciste?.-
Lo de siempre, lo de todos los días. Mamá se quedaba de que le dolía, mucho me dijo. Prepare la jeringa y la morfina, la misma cantidad que les damos siempre y se la aplique. Volví al rato para ver si necesitaba algo, pero no me respondió, me acerque y comprobé que estaba muerta.- Como rendido, Fernando se deja caer a los pies de la cama y entre en embudo que formaron sus manos apoyo su cabeza.
¿Estas seguro que le diste la misma cantidad de siempre?.-
Fernando lo mira atónito, no pudiendo creer lo que oye. La sangre se le agolpa en la cara, para ponerse roja de ira.
¿Qué mierda estas insinuando Martín?- pregunta su hermano con los puños crispados.
No insinúo nada, solamente te pregunto si te equivocaste en la dosis. ¿ O me queres contar algo?.-
Yo no soy ningún asesino. Así que mejor que dejes de decir estupideces y pensemos que vamos a hacer.- dice Fernando.
Yo no dije que fueras un asesino, pero te pudiste equivocar con todo lo que estamos pasando, no te estoy echando la culpa. Vamos a llamar a la policía, eso vamos a hacer.-
¿Enloqueciste?. ¿Llamar a la policía?. Pensás que nos van a creer cuando se enteren de lo que hay atrás de la muerte de mamá. No,no. Ya pensé en algo.-
¿Otra cosa Fernando?. ¡Tenemos a mamá muerta!. No hay otra cosa que pensar.-
Pero qué, le vas a ir con el cuentito de que nos equivocamos y esas pavadas. No nos van a creer, vamos a pasar nuestra vida en la cárcel.- Martín por un instante pensó en las palabras de su hermano, se pensó tras los barrotes de un calabozo, y la sola idea de verse tras las rejas le erizo los pelos del cuerpo.- Esto no puede salir de esta casa, tiene que quedar acá. Tenemos que enterrarla en el patio Martín.-
Martín ya no sabía que creer. Por una parte lo que dice Fernando no es descabellado, a lo sumo sería homicidio culposo, pero lo bastante culposo como para pasar largos años en la cárcel. Pero cavar una tumba en el patio para darle sepultura a su madre era siniestro, de lo más vil. Eso si, su madre no tenía más parientes que ellos, así que su ausencia no repercutiría demasiado, así también esto era buscar un justificativo a su futuro accionar, pero el miedo obra de maneras distintas, como distintas son las personas.
Suponiendo que acepte tu plan, como vamos a hacer pasar los casi 180 kilos muertos de mamá por la puerta.
La vamos a descuartizar.- dice Fernando muy convencido.
El disco solar se oculta tras el horizonte de techos de tejas, sumiendo el barrio en la oscura noche. Las palas suben y bajan, se hunden y salen llenas. Ya la madrugada ha avanzado franca y decidida, siendo las estrellas en sus movimientos celestiales testigos del afanoso trabajo de los hermanos.
Vamos a tener que cavar un foso muy profundo para que quepa mamá.- dice apesadumbrado Martín por la labor que esta realizando. Todavía no desmembraron el cadáver, faena que pospusieron para cuando estuviese listo el hoyo.
Si, como de unos tres metros. Que sea profundo para que no se remueva si cae una lluvia de mil demonios.- Fernando siente la duda de su hermano, lo siente dubitativo. Sabe que si no lo alienta o compra tácitamente su silencio, la lengua se le puede zafar en cualquier momento. ¿Qué vas a hacer con la plata Martín?. Con el millón que te toca.-
Eso es lo que menos me importa, no sé ni lo que estoy haciendo.-
Igual te toca la mitad de la herencia, como lo dispuso mamá. Esa plata es tuya, podes hacer lo que quieras.-
¿Y vos?. ¿Qué vas a hacer cuando la cobres?.-
¿Y con Carla qué va a pasar?. ¿La vas a dejar?.- lo interroga Martín mientras cava.
Si quiere venir conmigo voy a estar muy feliz, pero si no viene lo se lo voy a echar en cara. Ella tiene todo acá, no la voy obligar a que resigne su vida.-
Se va poner triste.-
Si, pobre Carla.- dice Fernando cariacontecido.
El pozo gana metros en vertical; dos montañas pequeñas se acumulan a los costados. Los hermanos son cautelosos, bisbisean para no advertir a ningún curioso que ande cerca.
Unos metros más y estará listo.- apunta Fernando, que ya se lo ve cansado y sudoroso.
¿No sentís culpa Fernando?.-
Si que siento culpa, pero no era mi intensión matarla. De verdad te lo digo. Quería aliviar su dolor, tantos años verla sufrir Martín, verla como se la comían por dentro. Como eso que era nuestra madre se iba, se desvanecía entre suplicios. Ver en esos ojos la suplica que nos hacía en silencio, porque su deber de madre no le permitía mostrarse débil ni menos pedir que le quitemos la vida. Pero yo vi más allá de esos ojos, vi el alma. Quería salir de ese cuerpo que no podía ofrecerle nada más, que la tenía atada a un mundo que ya no le pertenecía. Quizá si, quizá inconscientemente aumente la dosis y sin más merezca el castigo, pero no pueden ni podes llamar vida a eso, eso era un calvario, una derrota segura.-
Martín deja de palear para escuchar a su hermano atentamente, trata de descubrir un dejo de mentira en sus palabras, de simple excusa para lo ocurrido. Y se da cuenta que Fernando no miente, que lo que dice es sentido; piensa que hace cuanto que se debatía en estos meandros, pensando en la paz de su madre. Fernando el inexpresivo, el que muy pocas veces dejaba mostrar sus sentimientos, ahora abría su corazón con él. Lástima que haya tenido que ser en semejantes circunstancias, se dijo.
Es suficiente.- dijo Fernando.- Salgamos.-
Los dos trepan para salir del foso. Están llenos de tierra y con los músculos atrabancados del cansancio. Ahora falta la peor de las tareas, piensan con sincronismo psíquico.
Pueden entrar dos personas como mamá en semejante hoyo.- dice avergonzado Martín.
Fernando se asoma al borde para verlo en toda su extensión. Estira el cuello para ver el fondo, cuando el canto de la pala le da de lleno en la cabeza, con toda la fuerza de los brazos de Martín. El golpe seco le parte el cráneo y lo tumba de bruces dentro del foso, para caer todo despatarrado, ya muerto. Martín comienza a colocar la tierra en su lugar de origen con una pasmosa tranquilidad, palea y palea mientras cubre el cuerpo de su hermano asesinado. La verticalidad se invierte para volver al terreno llano otra vez.
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