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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Envidia y Pena

Lo he soñado en esta casa
entre las paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.

Lo he soñado mar afuera
en unas islas glaciales.
Que nos digan lo demás
la tumba y los hospitales.

Una de tantas provincias 
del interior fue su tierra.
(No conviene que se sepa
que muere gente en la guerra).

Lo sacaron del cuartel
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.

Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.

Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la sangre en los arenales.

 Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
 Él sólo quería saber
si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento 
en que le entro la herida.
Se dijo No tuve miedo
cuando lo dejo la vida.

Su muerte fue una secreta
victoria. Nadie se asombre
de que me dé envidia y pena
 el destino de aquel hombre.

Milonga del muerto, Los conjurados. Jorge Luis Borges.




miércoles, 17 de octubre de 2012

Solo recordar

"Poder decirte: romances muchos, amores ninguno hasta él. Pero si algo ha hecho este corazón es desbordarse, mil veces, y mil veces más cuando parecía aniquilado. Ya lo entenderás cuando te suceda, y no dudo de que habrá de sucederte. Ni siquiera se recuerda cómo fue aquel primero. Recuerdas, sí, pero eso es todo lo que queda. Porque ya no eres el que siente: eres el que recuerda."

Puras mentiras, Juan Forn.

jueves, 16 de agosto de 2012

Actuar

"...Si antes de cada acción pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegaríamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los días del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquí para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla..."

Ensayo sobre la ceguera, José Saramago.

martes, 3 de julio de 2012

Sobrevivir al fuego

Querido Max, mi última petición: Todo lo que se encuentre entre mis cosas (en estantes, armario, escritorio, en casa y en la oficina o en cualquier otra parte, y que llegue a tu conocimiento), sean diarios, manuscritos, cartas, propias y ajenas, dibujos, etc, debe ser quemado sin dejar nada y sin leerlo; lo mismo harás con todos los escritos o dibujos que poseas  o que tengan otros, a quien se los pedirás en mi nombre. Si no quieren entregarte las cartas, que se comprometan por lo menos a quemarlas ellos mismos. Tuyo
Franz Kafka.

Textos póstumos de Franz Kafka. 3 de julio de 1883 - 3 de junio de 1924.

miércoles, 20 de junio de 2012

Bifurcación

Comprendía que había pasado el tiempo de las lamentaciones estériles, que en aquel momento ya no se trataba de razonar respecto de su importancia, sino de hacer algo en el más breve plazo. Necesitaba tomar una resolución cualquiera, costara lo que costara, o...
-¡O renunciar a la vida!-exclamó bruscamente-. ¡Aceptar de una vez para siempre el destino tal como es, pisotear todas mis aspiraciones, entregar definitivamente el derecho de obrar, de vivir y de amar...!
En Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski.

sábado, 26 de mayo de 2012

La lógica de vivir

La lógica es inalterable, pero no puede resistir a un hombre que quiere vivir.
El proceso, Franz Kafka

jueves, 3 de mayo de 2012

A la fuga con la luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, la mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
-Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón 
collares y anillos blancos.
-Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
-Huye luna, luna, luna.
que ya siento sus caballos.
-Niño déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Romance de la luna, luna. En Romancero Gitano (1924-1927), Federico García Lorca.

domingo, 15 de abril de 2012

Aprender a equivocarse

Podemos aprender tanto de un experimento que no sale bien como de uno que sí funciona. No debemos evitar equivocarnos; más bien, es una práctica que deberíamos cultivar y fomentar. Es una lección de la ciencia que podría beneficiar no sólo la investigación sino al diseño, a los deportes, la ingeniería, el arte, la vida en general.
Un gran diseñador gráfico genera un montón de ideas sabiendo que la mayoría terminarán siendo desechadas. Lo mismo ocurre con los arquitectos, escultores, microbiólogos. ¿Qué es la ciencia después de todo si no una manera de aprender de aquellas cosas que no funcionan, de nuestros propios errores?
Esta perspectiva sugiere que deberíamos aspirar a triunfar al mismo tiempo que nos preparamos a aprender de una serie de errores.
Pero hoy en día el fracaso no es tan noble. En la actualidad, el error no es considerado ni por asomo como una virtud. Es, en cambio, un signo de debilidad, un estigma que prohíbe segundas oportunidades. A los niños se les enseña que equivocarse conduce a la desgracia, que uno debe hacer todo lo que tiene al alcance para triunfar sin equivocarse.
Asociada a la idea de aceptar el fracaso está la noción de romper cosas complejas para hacerlas mejor. A menudo, la única forma de mejorar un sistema complejo es probarlo hasta sus límites forzándolo a fallar. Por lo general, los ingenieros testean un programa informático haciendo todo lo posible para colgarlo. Los grandes inventores tienen tanto respeto por romper cosas como los científicos tienen paciencia para lidiar con los errores. Ellos lo saben: fracasar es un camino más al éxito.
Kevin Kelly es el cofundador de la revista Wired. Es autor del reciente y magnífico libro What Technology Wants (Lo que la tecnología quiere).


miércoles, 11 de abril de 2012

Necesidades imperiosas

En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural (que es lo que más se debe creer), a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; más era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con lo cual, bonitamente y sin rumor alguno, se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenía sin ayuda de otra alguna, y ,en quitándosela, dieron luego abajo, y se le quedaron como grillos; tras esto, alzó la camisa lo mejor que pudo, y echo al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto (que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia), le sobrevino otra mayor, que fue que le parecía que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuando podía; pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado, que al cabo al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que el le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote, y dijo:
-¿Qué rumor es ése, Sancho?
-No sé, señor-respondió él-. Alguna cosa nueva debe de ser que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.
Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien, que, sin más ruido ni alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas don Quijote tenía sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él, que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo excusar de que algunos no llegasen a sus narices; y apenas hubieron llegado, cuando él fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos y con tono algo gangoso, dijo:
-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
-Sí tengo-respondió Sancho-; mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca?.
-En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar-respondió don Quijote.


En la primera parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.

sábado, 24 de marzo de 2012

Cien años después

Se recorta la luz dentro de la sala; por aquí y por allá ráfagas del sol matutino, temprano, calienta el rostro de los niños en sus bancos. Hoy es el día de qué, pregunta el de la primera fila hacía la izquierda, la respuesta de su compañero se dibuja en su cara en una mueca de suma ignorancia. El maestro entra y da el saludo general, los alumnos responden educada y mecánicamente. Toca un botón de su amplio escritorio y desde el final de la sala una escotilla se abre para dejar salir un artefacto de proyección. Esté se enciende y todo se inunda con una luz blanca; los chicos se colocan sus auriculares para que los pupitres, las sillas, todo el mueblario desaparezca en un acto de prestidigitación  del tercer milenio.
Por segundos la oscuridad los abraza, nadie reconoce a nadie. De repente un tanque rompe el silencio y se abalanza hacia ellos. Algunos gritan de terror, otros entusiasmados piden la llegada de los soldados. Las calles marcan coordenadas de una ciudad de la que poco queda ahora, de la que poco se recuerda. La marcha militar en las botas de los nuevos gobernantes resuena horrísona, los fales relumbran con brillos que atraen a la muerte. ¿Cuándo paso esto?, la misma cara le responde como a la pregunta anterior, ¿Qué día es hoy?.
La película sigue y personas uniformadas y de porte tajante toman por asalto la pantalla, y algo más. Dicen que son la salvación, se proclaman el orden, la entropía disfrazada de rectitud. El chico de la primera fila hacia la izquierda se retuerce, se agita sin saber por qué. Ahora los soldados derriban puertas a patadas, con perros que ladran con mandíbulas ansiosas de machacar huesos. Suben y suben gente a camiones, otros a unos autos de la época largos que los manejan señores de anteojos oscuros y facies como los canes que los acompañan. El Jefe dice que son desaparecidos mientras mira al cielo esperando, quizás rezando, que ninguno se la caiga por la cabeza, Desaparecidos, dice, No están vivos ni muertos, desaparecidos. Muchos no se enteran, muchos no quieren saber, muchos avivan el fuego con más fuego, que se desprende de la premisa física de que toda acción tiene una reacción de igual magnitud pero dirección contraria. La física de la violencia. 
El chico de la primera fila del lado izquierdo mira con ojos atentos la pintura que lo rodea, una pintura viva delante de él. No sabe por qué, de donde nació, pero el impulso de romper en llanto lo colmó; lágrima tras lágrima se fueron soltando ríos con el ímpetu de las represas al ceder, de la fuerza del agua que se impone. El rostro se cubre con las manos y la lluvia se escapa entre sus dedos, miles y miles de avatares de memorias que se entrelazan, unisonas, como los eslabones de una cadena. ¿Cómo se llora de eso que no se sabe?, ¿cómo se llora eso que ni se sabía que se sentía?.
El cielo se desfonda en las manos del chico que no sabe lo que pasa, por qué siente que se le va a salir el alma del cuerpo. Los demás chicos duermen o imaginan batallas con seres de otras galaxias. Las   imágenes se suceden  en un entrechocar de botas militares y pitidos de picanas. El chico de la primera fila lado izquierdo se sacude en sollozos cada vez más apagados, para levantar su rostro al cielo raso y con voz trémula decir: Lo recuerdo, lo recuerdo todo.


miércoles, 14 de marzo de 2012

Los juegos de la inteligencia

Entender es relacionar, encontrar la unidad bajo la diversidad. Un acto de inteligencia es darse cuenta que la caída de una manzana y el movimiento de la Luna, que no cae, están regidos por la misma ley.
Como una especie de detective secular en una Gran Novela Policial, la inteligencia persigue interminablemente a la verdad, buscándola hasta en los lugare menos sospechosos; está abierta a todas las posibilidades y por eso debe combatir a cada instante contra la rutina, el lugar común, el dogma y la superstición, que pretenden en cada caso haber aclarado el enigmaa, ignorado o queriendo ignorar que la verdad tiene infinitos cómplices e infinitos lugares diferentes.
Porque combate contra todos los dogmas y supersticiones, la inteligencia es capaz de comprender lo que hay de verdad en cada uno de ellos; un hombre inteligente no se caracteriza porque no comete errores sino que está dispuesto a rectificar los cometidos; los hombres que no comenten errores y que tiene todo definitivamente resulto son los dogmáticos: se caracterizan por tener una Iglesia, una Ortodoxia, un Papa infalible, una Inquisición; no hay que creer que estas organizaciones sólo aparecen para defender a Dios: algunas aparecen para demostrar su inexistencia.
La creación de estas Iglesias es lo que hace tan difícil la búsqueda de la verdad. Porque entonces no basta la inteligencia: se requiere la intrepidez. Se requiere mucho valor para defender a la vez la parte de verdad en Berkeley contra los marxistas y la parte de verdad en los marxistas contra Berkeley. Este valor intelectual es lo que los fanáticos de la secta llaman confusionismo.
Lo difícil de esta tarea está en que inteligencia debe proceder en forma helada e imparcial en este interminable pleito siendo que a la vez aparece encarnada en forma humana y, por lo tanto, mezclada con la debilidad, la simpatía, la violencia, el fanatismo y la furia, que son nuestros atributos más frecuentes.

Inteligencia, en Uno y el Universo. Ernesto Sabato.

jueves, 23 de febrero de 2012

Aprendizaje

La mujer sonrió de nuevo, pero no habló. Entonces volvió Jesús lentamente el rostro hacia ella, y le dijo, No conozco mujer. María le tomó las manos, Así tenemos  que empezar todos, hombres que no conocían mujer, mujeres que no conocían hombre, un día el que sabía enseño, el que no sabía aprendió, Quieres enseñarme tú, Para que tengas otro motivo de gratitud, Así nunca acabaré de agradecerte, Y yo nunca acabaré de enseñarte.(...)María de Magdala llevó a Jesús hasta un lugar junto al horno, donde era el suelo de ladrillo, y allí, rechazando el auxilio de él, con sus manos lo desnudó y lavó, a veces tocándole el cuerpo, aquí y aquí, y aquí, con las puntas de los dedos, besándolo levemente en el pecho y en los muslos, de un lado y del otro.(...)Lo secó y lo llevó de la mano hasta la cama, Acuéstate, vuelvo enseguida(...)María se acosto a su lado y, tomándole las manos, acercándoselas, las pasó lentamente por todo su cuerpo, cabellos y rostro, el cuello, los hombros, los senos, que dulcemente comprimió, el vientre, el ombligo, el pubis, donde se demoró, enredando y desenredando los dedos, la redondez de los muslos suaves, y mientras esto hacía, iba diciendo en voz baja, casi en un susurro, Aprende, aprende mi cuerpo.(...) Ahora María de Magdala le enseñaba, Aprende mi cuerpo, y repetía, pero de otro manera, cambiándole una palabra, Aprende tu cuerpo, y él lo tenía ahí, su cuerpo, tenso, duro, erecto, y sobre él estaba, desnuda y magnífica, María de Magdala, que decía, Calma, no te preocupes, no te muevas, déjame a mí, entonces sintió que una parte de su cuerpo, ésa, se había hundido en el cuerpo de ella, que un anillo de fuego lo envolvía, yendo y viniendo, que un estremecimiento lo sacudía por dentro, como un pez agitándose, y que de súbito se escapaba gritando, imposible, no puede ser, los peces no gritan, él, sí, era él quien gritaba, al mismo tiempo que María, gimiendo, dejaba caer su cuerpo sobre el de él, yendo a  beberle en la boca el grito, en un ávido y ansioso beso que desencadenó en el cuerpo de Jesús un segundo e interminable estremecimiento.(...)Y María de Magdala, con los senos cubiertos de sudor, el pelo suelto que parecía echar humo, la boca túmida, ojos como de agua negra, No te unirás a mí por lo que te enseñe, pero quédate esta noche conmigo. Y Jesús, sobre ella, respondió, Lo que me enseñas no es prisión, es libertad.



El evangelio según Jesucristo, José Saramago

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Conservar o revolucionar?

El hombre común tiende a la conservación de sus ideas y convenciones. Pero el peor conservatismos es el engendrado por una revolución triunfante: el conservatismo que la precede es indeciso, agrietado, conciliador; no se cree en las nuevas ideas pero tampoco se confía mucho en las antiguas. En cambio, cuando una revolución triunfa se constituye un nuevo y rígido sistema de convenciones, que es muy peligroso discutir; en las revoluciones políticas, el apartamiento de la ortodoxia se paga con la vida o la libertad; en las del pensamiento, se paga con la burla o la acusación de locura.
El hombre es partidario del triunfador. Por eso, cuando un movimiento revolucionario está en preparación o fracasa, sus hombres son bandidos (en el caso de la política) o locos (en el caso del pensamiento). Pero so triunfa, son prohombres o genios. Sobre un individuo ha estado así suspendido por instantes el calificativo de patriota o bandido en torno de algún puente que podía saltar antes o después de la columna revolucionaria.
Es sintomático ver cómo se orientan los hombres débiles-es decir la mayoría- en las grandes convulsiones. Cuando Robert Mayer presentó sus ideas sobre la conservación de la energía, el profesor Poggendorff, ilustre filisteo, no quiso publicar su memoria, por considerar que ese hombre no sabía no sé qué fórmula de la física y porque, además, estaba loco. Un repudio oficial de este género es peligroso en cualquier parte, pero en Alemania era homicida: Mayer fue encerrado en un manicomio, donde intentó suicidarse. Cuando Lord Kelvin y otros  físicos ingleses reivindicaron las ideas del médico alemán, el principio terminó por convertirse en uno de los pilares esenciales de la ciencia moderna, pero también un nuevo fetiche popular. Desde luego, los pobres de espíritu fueron, a partir de entonces, sus más encarnizados defensores y se mofan de los nuevos Mayer que aparecen por ahí.
El hombre es conservador. Pero cuando esa tendencia se debilita, las revoluciones es encargan de renovarla.


Inercia mental, en Uno y el Universo. Ernesto Sabato.

sábado, 18 de febrero de 2012

Universo te

Te quiero, te deseo, te adoro, te extraño, te sueño, te anhelo, te busco, te encuentro, te hablo, te beso, te acaricio, te muerdo, te veo, te espero, te oigo, te siento, te amo, te camino, te exploro, te bebo, te como, te baño, te visto, te desnudo, te pruebo, te aprieto, te navego, te nado, te olfateo, te resucito, te gano, te arropo, te enciendo, te habro, te aplaudo, te conquisto, te abrazo, te narro, te cuido, te celo, te ilumino, te rezo, te libero, te endulzo, te riego, te orbito, te pinto, te pienso, te siembro, te cosecho, te escribo, te canto, te leo, te invento, te cocino, te aprendo, te sano, te recibo, te recalco, te colecciono, te recuerdo, te voto, te coqueteo, te desintoxico, te asalto, te sereno, te aturdo, te naufrago, te vagabundeo, te estudio, te nombro, te ordeno, te desestructuro, te corono, te aprecio, te invoco, te honro, te aullo, te maullo, te barrunto, te descifro, te acelero, te velo, te pesco, te cazo, te retengo, te anuncio, te sazono, te sangro, te juro, te prometo, te debo, te sostengo, te escalo, te sumo, te multiplico, te traduzco, te consuelo, te trabajo, te respeto, te consumo, te aburro, te entretengo, te templo, te arrebato, te agradezco, te tiño, te dedico, te corro, te comulgo, te ayuno, te deboro, te cincelo, te uno, te demuestro, te aproximo, te bisbiseo, te reflejo, te existo, te vivo. Erika.


De Javier Domingo Candia.

martes, 7 de febrero de 2012

Lágrimas

Llorar a lágrima viva
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!


Para Erika.
Oliverio Girondo.

jueves, 2 de febrero de 2012

En tierras de la Venus

"Llevado por la pura intuición, el anatomista tomó entre el índice y el pulgar aquella innominada parte y, con el índice de la otra mano, comenzó a frotar suavemente el diminuto "glande", rojo e inflamado. La primera reacción que Mateo Colón pudo comprobar fue que toda la musculatura del cuerpo de la enfermedad-que hasta entonces permanecía completamente laxa- cobró una súbita e involuntaria tensión, a la vez que aquel órgano aumentaba un poco más en tamaño y se conmovía en breves contracciones.
-¡Se mueve!-gritó Bertino.
-¡Silencio!. ¿O acaso quieres enterar al abad?
Mateo Colón no dejaba de frotar entre sus dedos aquella protuberancia, como quien frota una rama contra una piedra para obtener fuego. De pronto, como si finalmente hubiese conseguido encender la chispa de la hoguera, todo el cuerpo de Inés se conmovió en una gran convulsión que le hizo levantar las caderas, quedando sostenida por los tobillos y la nuca, semejando un arco. Poco a poco, su cintura empezó a moverse, siguiendo la regularidad, el ritmo de los dedos del anatomista. La respiración de Inés se agitó; el corazón, se diría, le galopaba dentro del pecho y todo su cuerpo brilló súbitamente con un sudor general, reproduciendo (...) cada uno de los penosos síntomas que la sobresaltaban por las noches. Sin embargo, pese a que Inés se mantenía inconsciente, no se diría que aquella sesión le resultara, precisamente, penosa. La respiración de Inés fue cobrando un sonido ahogado que devino en un jadeo sonoro. Su exánime gesto se transformó en una mueca lasciva: la boca, entreabierta, dejaba ver la lengua agitándose entre las comisuras de los labios."

El anatomista, Federico Andahazi.










sábado, 28 de enero de 2012

Verborrágico

"Y ahora toma aire Peñaranda, contén la respiración, ármate de paciencia, papel y lápiz y ábrete párrafo aparte que te voy a dictar un chorizo, lo que este libro al terminar ha de ser, cuando adquiera su prístino genio y figura, cuando acabe, cuando acabe. Un libro así: chocarrero, burletero, puñetero, altanero, arrogante, denigrante, desafiante, insultante, colérico, impúdico, irónico, ilógico, rítmico, cínico, lúgubre, hermético, apóstata, sacrílego, caótico,nostálgico, perifrástico, pleonástico, esquizofrénico, parabólico, paradójico, inservible, irrepetible, irreparable, irresponsable, implacable, indolente, insolente, impertinente, repelente, recurrente, maldiciente, demente, senil, pueril, brujeríl, burlón, ramplón, parcial, sectario, atrabiliario, escabroso, empalagoso, tortuoso, rencoroso, tendencioso, sentencioso,verboso, cenagoso, vertiginoso, luctuoso, memorioso, caprichoso, jactancioso, ocioso, lluvioso, luminoso, oscuro, nublado, empantanado, soleado, alucinado, desquiciado, descentrado, solapado, calculado, obstinado, atrabancado, desorbitado, iracundo, bufo, denso, impío, arcano, arcaico, repetitivo, reiterativo, exhaustivo, obsesivo, jacobino, viperino, luciferino, hereje, iconoclasta, blasfemo, ciego, sordo, necio, obsceno, rojo, negro, terco, torvo, terso, gratuito, execrable, excentrico, paranoico, infame, siniestro, perverso, relapso, pertinaz, veras, veloz, atroz, soez, sagaz, mordaz, feliz, falaz, revelador, olvidadizo, espontáneo, inmoral, insensato, payaso, y como dijimos antes de empezar y para que no se te vaya a olvidar, cuentavidas, deslenguado e hijueputa."
Entre fantasmas, Fernando Vallejo.

jueves, 19 de enero de 2012

La palabra justa

“A menudo hablamos, decimos muchas cosas, pero no hacemos nada y envejecemos en años o en espíritu que es peor. Hay ejemplos a granel, no es necesario recurrir a ellos (. . . ) Por lo tanto, amigo mío, quiero decirte que yo quiero: pensar, decir y sobre todo hacer. Hacer qué me dirás. Es difícil y es fácil de explicarlo. Se sintetiza en una palabra: vivir (. . .) En una sociedad alimentada a sandwiches económicos habrá que vivir en función a esa madeja económica, pero –y comienzan los peros- esa madera es demasiado densa. Unos la aguantan y su razón de ser es precisamente tejer y destejer el ovillo pero éstos son generalmente simples, muy superficiales. Los que tienen algo dentro, medios enredados viven, se debaten, lloran, gimen, se emborrachan o juegan; viven en una angustia ocasionada por cosas que no quieren hacer y hacen y viceversa y de ellos nace un sentido escéptico de la vida. (. . .)¿qué camino nos queda? No será el de los superficiales, no. Me queda uno, el del hombre frustrado, del infeliz, del escéptico. Pero por qué éste es escéptico. Creo padre mío que este hombre se ha equivocado, le dijeron la vida es ésta y aceptó. Yo digo que no, la vida no es una balanza de pesos y acciones. La vida encierra en sí valores que la hacen maravillosa y podrían ser: divinos, poéticos, naturales, humanos y dentro de éste el amor, el odio, la lucha, etc., etc. Lo otro es real, sí, pero es accesorio (lo económico); no pretendo prescindir de lo accesorio pues en este caso es imposible, sólo quiero vivir fundamentalmente sobre esos valores verdaderos o por lo menos esenciales”.Francisco Paco Urondo, carta a su padre (c.1952)

viernes, 6 de enero de 2012

Mil hormigas

Las oigo en el patio. Caminan lentamente, con una paciencia sempiterna. Salen de los arbustos en fila india, una detrás de la otra con la prestancia que tienen los números en una calculadora. Las presiento rozar el concreto del piso, arrastrar sus pequeños pies en dirección hacia la casa. Vienen por mi, me buscan a mi.
El cuarto se torna caliente. Parece como si hubiera pasado aquí dentro una eternidad. Prendo la tele y Peron lanza un discurso con la Plaza de Mayo atestada de trabajadores. Sigo cambiando de canales en una búsqueda vertiginosa por encontrar algo que me ocupe la cabeza y me saque estas ideas. En otro canal veo que las Torres Gemelas, en vivo, caen estrepitosamente gracias a dos aviones. Ya la tele me aburre rápidamente como rápido es el zapping. Abandono la cama y el calendario en el mesa de luz reza que hoy es miércoles 12 de 1987 y debo ir a buscar a tu madre que me espera para ir al cine. Me dirijo hacia el baño pero el sonido de algo que cruje me detiene en seco; creo que es la puerta del patio que se desquebraja en diminutos lugares.
Ya están adentro. Ahora que lo recuerdo deje las flores para la tumba de tu madre en la cocina; seguramente ya llegaron allí, ya que la puerta del patio las comunica. Ya serán, las flores, un recuerdo cercano de algo que ya no existe. Las escaleras ya no son escapatoria y solo me queda ascender.
Miro con sigilo desde el vano de la puerta de mi cuarto para ver si ya están esperándome, pero para mi esperanza todavía no veo rastros de ellas. Salgo con pasos decididos para atravesar el comedor y ganar acceso a la terraza. Cuando doy los primeros pasos mi cuerpo se sacude, bajo mis pies la casa se bambolea imperceptiblemente, como si danzara al son de la suave brisa que sopla afuera. Agudizo los sentidos y siento las miles y miles de pisadas. Venzo mi miedo y veo a tu madre sentada en el comedor, me mira suplicante, me dice que la lleve con ella, que no quiere ser devorada; yo le explico que al que quieren es a mí, que no se preocupe. Después de eso murió, no lo recuerdo bien. Lo único que se es que la amaba con locura, se lo dije ayer, mientras volvíamos del cine. La película fue extremadamente mala.
Los enfermeros duermen la siesta, por eso la sala está desierta. Miro detrás de mi hombro y veo con alivio que mi mujer no me sigue. En cambio la sombra bestial de cientos de cuerpos pequeños se asoma, voraz e insaciable. Es una masa amorfa, sin sentido, compuesta de milésimas de patitas y dientitos que ya acabaron con la mayor parte del mueblar. Creo que su ancestral rencor se remonta desde que les di caza cuando poblaban la maleza de mi patio; ahora vienen a cobrarse la deuda pendiente, la que solo se paga con sangre.
Sorteo los pasillos vacíos y engaño a la seguridad, tomando por asalto las escaleras y luego la amplia terraza. No hay más escapatoria, solo queda una. No quiero caer en sus pequeñas mandíbulas, mi suerte será otra. Llego al borde y la verticalidad me marea un poco. Me tomo de la baranda y veo, en la perpendicular que forma la unión de lo horizontal y lo vertical, a tu madre, que me dice que no. Pero ya no hay vuelta atrás, el monstruo de miles de piezas está a mis espaldas pronto a deleitarse con mi carne. Además de que yo sepa, las hormigas no saben volar.

Por Javier Domingo Candia.