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jueves, 23 de febrero de 2012

Aprendizaje

La mujer sonrió de nuevo, pero no habló. Entonces volvió Jesús lentamente el rostro hacia ella, y le dijo, No conozco mujer. María le tomó las manos, Así tenemos  que empezar todos, hombres que no conocían mujer, mujeres que no conocían hombre, un día el que sabía enseño, el que no sabía aprendió, Quieres enseñarme tú, Para que tengas otro motivo de gratitud, Así nunca acabaré de agradecerte, Y yo nunca acabaré de enseñarte.(...)María de Magdala llevó a Jesús hasta un lugar junto al horno, donde era el suelo de ladrillo, y allí, rechazando el auxilio de él, con sus manos lo desnudó y lavó, a veces tocándole el cuerpo, aquí y aquí, y aquí, con las puntas de los dedos, besándolo levemente en el pecho y en los muslos, de un lado y del otro.(...)Lo secó y lo llevó de la mano hasta la cama, Acuéstate, vuelvo enseguida(...)María se acosto a su lado y, tomándole las manos, acercándoselas, las pasó lentamente por todo su cuerpo, cabellos y rostro, el cuello, los hombros, los senos, que dulcemente comprimió, el vientre, el ombligo, el pubis, donde se demoró, enredando y desenredando los dedos, la redondez de los muslos suaves, y mientras esto hacía, iba diciendo en voz baja, casi en un susurro, Aprende, aprende mi cuerpo.(...) Ahora María de Magdala le enseñaba, Aprende mi cuerpo, y repetía, pero de otro manera, cambiándole una palabra, Aprende tu cuerpo, y él lo tenía ahí, su cuerpo, tenso, duro, erecto, y sobre él estaba, desnuda y magnífica, María de Magdala, que decía, Calma, no te preocupes, no te muevas, déjame a mí, entonces sintió que una parte de su cuerpo, ésa, se había hundido en el cuerpo de ella, que un anillo de fuego lo envolvía, yendo y viniendo, que un estremecimiento lo sacudía por dentro, como un pez agitándose, y que de súbito se escapaba gritando, imposible, no puede ser, los peces no gritan, él, sí, era él quien gritaba, al mismo tiempo que María, gimiendo, dejaba caer su cuerpo sobre el de él, yendo a  beberle en la boca el grito, en un ávido y ansioso beso que desencadenó en el cuerpo de Jesús un segundo e interminable estremecimiento.(...)Y María de Magdala, con los senos cubiertos de sudor, el pelo suelto que parecía echar humo, la boca túmida, ojos como de agua negra, No te unirás a mí por lo que te enseñe, pero quédate esta noche conmigo. Y Jesús, sobre ella, respondió, Lo que me enseñas no es prisión, es libertad.



El evangelio según Jesucristo, José Saramago

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Conservar o revolucionar?

El hombre común tiende a la conservación de sus ideas y convenciones. Pero el peor conservatismos es el engendrado por una revolución triunfante: el conservatismo que la precede es indeciso, agrietado, conciliador; no se cree en las nuevas ideas pero tampoco se confía mucho en las antiguas. En cambio, cuando una revolución triunfa se constituye un nuevo y rígido sistema de convenciones, que es muy peligroso discutir; en las revoluciones políticas, el apartamiento de la ortodoxia se paga con la vida o la libertad; en las del pensamiento, se paga con la burla o la acusación de locura.
El hombre es partidario del triunfador. Por eso, cuando un movimiento revolucionario está en preparación o fracasa, sus hombres son bandidos (en el caso de la política) o locos (en el caso del pensamiento). Pero so triunfa, son prohombres o genios. Sobre un individuo ha estado así suspendido por instantes el calificativo de patriota o bandido en torno de algún puente que podía saltar antes o después de la columna revolucionaria.
Es sintomático ver cómo se orientan los hombres débiles-es decir la mayoría- en las grandes convulsiones. Cuando Robert Mayer presentó sus ideas sobre la conservación de la energía, el profesor Poggendorff, ilustre filisteo, no quiso publicar su memoria, por considerar que ese hombre no sabía no sé qué fórmula de la física y porque, además, estaba loco. Un repudio oficial de este género es peligroso en cualquier parte, pero en Alemania era homicida: Mayer fue encerrado en un manicomio, donde intentó suicidarse. Cuando Lord Kelvin y otros  físicos ingleses reivindicaron las ideas del médico alemán, el principio terminó por convertirse en uno de los pilares esenciales de la ciencia moderna, pero también un nuevo fetiche popular. Desde luego, los pobres de espíritu fueron, a partir de entonces, sus más encarnizados defensores y se mofan de los nuevos Mayer que aparecen por ahí.
El hombre es conservador. Pero cuando esa tendencia se debilita, las revoluciones es encargan de renovarla.


Inercia mental, en Uno y el Universo. Ernesto Sabato.

sábado, 18 de febrero de 2012

Universo te

Te quiero, te deseo, te adoro, te extraño, te sueño, te anhelo, te busco, te encuentro, te hablo, te beso, te acaricio, te muerdo, te veo, te espero, te oigo, te siento, te amo, te camino, te exploro, te bebo, te como, te baño, te visto, te desnudo, te pruebo, te aprieto, te navego, te nado, te olfateo, te resucito, te gano, te arropo, te enciendo, te habro, te aplaudo, te conquisto, te abrazo, te narro, te cuido, te celo, te ilumino, te rezo, te libero, te endulzo, te riego, te orbito, te pinto, te pienso, te siembro, te cosecho, te escribo, te canto, te leo, te invento, te cocino, te aprendo, te sano, te recibo, te recalco, te colecciono, te recuerdo, te voto, te coqueteo, te desintoxico, te asalto, te sereno, te aturdo, te naufrago, te vagabundeo, te estudio, te nombro, te ordeno, te desestructuro, te corono, te aprecio, te invoco, te honro, te aullo, te maullo, te barrunto, te descifro, te acelero, te velo, te pesco, te cazo, te retengo, te anuncio, te sazono, te sangro, te juro, te prometo, te debo, te sostengo, te escalo, te sumo, te multiplico, te traduzco, te consuelo, te trabajo, te respeto, te consumo, te aburro, te entretengo, te templo, te arrebato, te agradezco, te tiño, te dedico, te corro, te comulgo, te ayuno, te deboro, te cincelo, te uno, te demuestro, te aproximo, te bisbiseo, te reflejo, te existo, te vivo. Erika.


De Javier Domingo Candia.

martes, 7 de febrero de 2012

Lágrimas

Llorar a lágrima viva
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!


Para Erika.
Oliverio Girondo.

jueves, 2 de febrero de 2012

En tierras de la Venus

"Llevado por la pura intuición, el anatomista tomó entre el índice y el pulgar aquella innominada parte y, con el índice de la otra mano, comenzó a frotar suavemente el diminuto "glande", rojo e inflamado. La primera reacción que Mateo Colón pudo comprobar fue que toda la musculatura del cuerpo de la enfermedad-que hasta entonces permanecía completamente laxa- cobró una súbita e involuntaria tensión, a la vez que aquel órgano aumentaba un poco más en tamaño y se conmovía en breves contracciones.
-¡Se mueve!-gritó Bertino.
-¡Silencio!. ¿O acaso quieres enterar al abad?
Mateo Colón no dejaba de frotar entre sus dedos aquella protuberancia, como quien frota una rama contra una piedra para obtener fuego. De pronto, como si finalmente hubiese conseguido encender la chispa de la hoguera, todo el cuerpo de Inés se conmovió en una gran convulsión que le hizo levantar las caderas, quedando sostenida por los tobillos y la nuca, semejando un arco. Poco a poco, su cintura empezó a moverse, siguiendo la regularidad, el ritmo de los dedos del anatomista. La respiración de Inés se agitó; el corazón, se diría, le galopaba dentro del pecho y todo su cuerpo brilló súbitamente con un sudor general, reproduciendo (...) cada uno de los penosos síntomas que la sobresaltaban por las noches. Sin embargo, pese a que Inés se mantenía inconsciente, no se diría que aquella sesión le resultara, precisamente, penosa. La respiración de Inés fue cobrando un sonido ahogado que devino en un jadeo sonoro. Su exánime gesto se transformó en una mueca lasciva: la boca, entreabierta, dejaba ver la lengua agitándose entre las comisuras de los labios."

El anatomista, Federico Andahazi.