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martes, 25 de octubre de 2011

Un domingo como cualquier otro

Se han celebrado una vez más unos de los sucesos democráticos con mayor importancia a nivel social. Se avecinan 4 años más de un proyecto que empezó en el 2003, que se desarrollo y se desarrolla con sus puntos fuertes y otros un poco más oscuro. Quiero aclarar, en más no debería, pero para ahorrar comentarios futuros sobre lo que voy a decir lo haré, no soy kirchnerista o oficialista. Subsanada la cuestión solo quería expresar, humildemente, algunas ideas sobre lo ocurrido el domingo. Para empezar deberé caer en obviedades, cosa que no me gusta. Para hacerla corta, el pueblo o la sociedad holística se expresado de una manera sorprendente, tanto para los que votaron a la reelecta presidenta como los que no. Y terminada las obviedades (advertí que no lo prolongaría tanto) voy a ubicarme en el primer grupo, que además es al que pertenezco por la emisión de mi voto. Y para seguir aclarando, no podre en términos bélicos o triunfalistas la expresión de una gran parte de la sociedad, ya que a mi entender cuando de cuestiones democráticas se habla no debería perder nadie y deberíamos ganar todos. Pero si ha estado atento estimado lector y/o lectora habrá percibido que utilicé en la anterior oración un potencial, debería o deberíamos, ya que la memoria no falla, y fatal espina que a veces molesta no me deja olvidar. Hace ya 28 años que se llevan a cabo de manera ininterrumpida elecciones constitucionales, en este caso en particular presidenciales. Y volviendo al potencial, no lo he utilizado en vano, lo uniré a la palabras atrás dichas; desde 1983 ningún gobierno le a dado la victoria a la sociedad, si no que se la había guardado para unos pocos, y vaya si sobran ejemplos: privatización del estado casi todo, el robo de las AFJP a las las jubilaciones, la Corte Suprema de lo más viciada de corrupción menemista (y perdón a los supersticiosos), los índices de pobreza hasta las nubes, los dos dígitos de desocupación y el tristemente celebre corralito, y la debacle de 2001. Después eso era esperar la ruina y que nos comieran los piojos como se dice. Llego el 2003 y el pingüino que vino del sur tomo el bastón de mando, entre morisquetas graciosas. Y como quien no quiere la cosa, la cosa fue cambiando. Juicios masivos a los monstruos de la última dictadura militar, el recambio de la cúpula de la Corte Suprema, la asignación universal por hijo, la ley de matrimonio igualitario, la reestatización de la AFJP, y otros más etcéteras. Y debido a que excede el objetivo de esta pequeña crónica explicar como estas medidas tuvieron repercusión en la sociedad, y tampoco quiero aburrir con un corolario de las bonanzas de ese gobierno y este gobierno, solo quiero decir que a mi parecer desde la vuelta de la democracia el modelo o proyecto, o como quieran llamarlo, que se viene aplicando es el que más a hecho por los que menos tienen, por los más necesitados, por los excluidos; la igualdad y justicia social es una bandera que cualquier gobierno que se jacte de Benefactor debe sostener, aplicar y darle el alcance a todas las regiones de este nuestro país. A no confundir, no tapo el sol con un dedo o escondo la mugre debajo de la alfombra, se deben profundizar lo ya echo y corregir muchas cosas, cambiar y erradicar tantas otras. Se verá en el futuro si todo esto se lleva a cabo, pero ya el área de la futurología no es lo mío y lo dejo en manos más duchas y entrenadas. Y finalizando debo decir que ya (y lo agradezco) acostumbrado a las jornadas de votación y todo lo que ello implica, el domingo 23 para mí fue un domingo cualquiera.



P.D: Desde ya pido disculpas al desorden o carencia de estructura literaria o periodística de lo que han leído, pero no soy ninguna de las dos cosas. Solo soy alguien que últimamente le pica mucho la mano y no se le va si no escribe. Sin más el que desee expresar su adición o su contrariedad bienvenido sea, el debate de ideas nos beneficia todos. Eso sí, que sea en una marco educado y respetuoso. Y si han llegado a estas líneas finales, de más aprecio que me hayan leído.

jueves, 20 de octubre de 2011

Cavar un foso muy profundo

El cuerpo de la exuberante señora yace sobre su cama, congelada en la misma posición que hace ya cinco años. Sus gruesos brazos están inmóviles, rígidos pero a la vez flácidos por la grasa que los rellenaba. Hace cinco años que esta postrada a causa de un cáncer en los huesos, uno de esos cánceres que no paran con nada y lo carcomen todo. Tuvo que resignarse a eso por ya no poder moverse; sólo puede hablar, cuando no esta muy sedada. El mal que la aqueja no tenía cura ni mejora, era esperar el día para morirse, entre instantes de agonía y dolor sin pausa. Y ese día llego.

Cuando Martín abre la puerta del cuarto de su madre la imagen que encuentra lo remite a un cuadro que ha visto en su niñez; era uno en que un muchacho a los pies de la cama de que parecía ser su padre lo lloraba desconsoladamente, en donde con una mano acariciaba la cabellera del difunto y con la otra sostenía una daga empapada en sangre. Martín ve a su hermando Fernando arrodillado a los pies de la cama de su madre, que en silencio le toma de las manos, creyendo oír sollozos de tristeza.

¿Qué pasa Fernando?.- pregunta Martín.

Su hermano gira para verlo, y ve que no ha derramado lágrimas. Percibe que sus manos le tiemblan un poco, haciendo un esfuerzo para controlarlas.

Mamá, mamá esta muerta.-

¿Qué?.- las pupilas se le dilatan enormemente. El estupor lo invade acompañado de temor, pero temor a que no sabe. Lo toma de los hombros, y lentamente dice:

¿Qué?. ¿Estas seguro?.-

Si, murió Martín. Hace dos horas.

Martín mira sobre la cabeza de Fernando y sobre la mesa de luz ve la jeringa usada y el frasco de morfina vacío. ¿Qué hiciste?.-

Lo de siempre, lo de todos los días. Mamá se quedaba de que le dolía, mucho me dijo. Prepare la jeringa y la morfina, la misma cantidad que les damos siempre y se la aplique. Volví al rato para ver si necesitaba algo, pero no me respondió, me acerque y comprobé que estaba muerta.- Como rendido, Fernando se deja caer a los pies de la cama y entre en embudo que formaron sus manos apoyo su cabeza.

¿Estas seguro que le diste la misma cantidad de siempre?.-

Fernando lo mira atónito, no pudiendo creer lo que oye. La sangre se le agolpa en la cara, para ponerse roja de ira.

¿Qué mierda estas insinuando Martín?- pregunta su hermano con los puños crispados.

No insinúo nada, solamente te pregunto si te equivocaste en la dosis. ¿ O me queres contar algo?.-

Yo no soy ningún asesino. Así que mejor que dejes de decir estupideces y pensemos que vamos a hacer.- dice Fernando.

Yo no dije que fueras un asesino, pero te pudiste equivocar con todo lo que estamos pasando, no te estoy echando la culpa. Vamos a llamar a la policía, eso vamos a hacer.-

¿Enloqueciste?. ¿Llamar a la policía?. Pensás que nos van a creer cuando se enteren de lo que hay atrás de la muerte de mamá. No,no. Ya pensé en algo.-

¿Otra cosa Fernando?. ¡Tenemos a mamá muerta!. No hay otra cosa que pensar.-

Pero qué, le vas a ir con el cuentito de que nos equivocamos y esas pavadas. No nos van a creer, vamos a pasar nuestra vida en la cárcel.- Martín por un instante pensó en las palabras de su hermano, se pensó tras los barrotes de un calabozo, y la sola idea de verse tras las rejas le erizo los pelos del cuerpo.- Esto no puede salir de esta casa, tiene que quedar acá. Tenemos que enterrarla en el patio Martín.-

Martín ya no sabía que creer. Por una parte lo que dice Fernando no es descabellado, a lo sumo sería homicidio culposo, pero lo bastante culposo como para pasar largos años en la cárcel. Pero cavar una tumba en el patio para darle sepultura a su madre era siniestro, de lo más vil. Eso si, su madre no tenía más parientes que ellos, así que su ausencia no repercutiría demasiado, así también esto era buscar un justificativo a su futuro accionar, pero el miedo obra de maneras distintas, como distintas son las personas.

Suponiendo que acepte tu plan, como vamos a hacer pasar los casi 180 kilos muertos de mamá por la puerta.

La vamos a descuartizar.- dice Fernando muy convencido.



El disco solar se oculta tras el horizonte de techos de tejas, sumiendo el barrio en la oscura noche. Las palas suben y bajan, se hunden y salen llenas. Ya la madrugada ha avanzado franca y decidida, siendo las estrellas en sus movimientos celestiales testigos del afanoso trabajo de los hermanos.

Vamos a tener que cavar un foso muy profundo para que quepa mamá.- dice apesadumbrado Martín por la labor que esta realizando. Todavía no desmembraron el cadáver, faena que pospusieron para cuando estuviese listo el hoyo.

Si, como de unos tres metros. Que sea profundo para que no se remueva si cae una lluvia de mil demonios.- Fernando siente la duda de su hermano, lo siente dubitativo. Sabe que si no lo alienta o compra tácitamente su silencio, la lengua se le puede zafar en cualquier momento. ¿Qué vas a hacer con la plata Martín?. Con el millón que te toca.-

Eso es lo que menos me importa, no sé ni lo que estoy haciendo.-

Igual te toca la mitad de la herencia, como lo dispuso mamá. Esa plata es tuya, podes hacer lo que quieras.-

¿Y vos?. ¿Qué vas a hacer cuando la cobres?.-


¿Y con Carla qué va a pasar?. ¿La vas a dejar?.- lo interroga Martín mientras cava.

Si quiere venir conmigo voy a estar muy feliz, pero si no viene lo se lo voy a echar en cara. Ella tiene todo acá, no la voy obligar a que resigne su vida.-

Se va poner triste.-

Si, pobre Carla.- dice Fernando cariacontecido.

El pozo gana metros en vertical; dos montañas pequeñas se acumulan a los costados. Los hermanos son cautelosos, bisbisean para no advertir a ningún curioso que ande cerca.

Unos metros más y estará listo.- apunta Fernando, que ya se lo ve cansado y sudoroso.

¿No sentís culpa Fernando?.-

Si que siento culpa, pero no era mi intensión matarla. De verdad te lo digo. Quería aliviar su dolor, tantos años verla sufrir Martín, verla como se la comían por dentro. Como eso que era nuestra madre se iba, se desvanecía entre suplicios. Ver en esos ojos la suplica que nos hacía en silencio, porque su deber de madre no le permitía mostrarse débil ni menos pedir que le quitemos la vida. Pero yo vi más allá de esos ojos, vi el alma. Quería salir de ese cuerpo que no podía ofrecerle nada más, que la tenía atada a un mundo que ya no le pertenecía. Quizá si, quizá inconscientemente aumente la dosis y sin más merezca el castigo, pero no pueden ni podes llamar vida a eso, eso era un calvario, una derrota segura.-

Martín deja de palear para escuchar a su hermano atentamente, trata de descubrir un dejo de mentira en sus palabras, de simple excusa para lo ocurrido. Y se da cuenta que Fernando no miente, que lo que dice es sentido; piensa que hace cuanto que se debatía en estos meandros, pensando en la paz de su madre. Fernando el inexpresivo, el que muy pocas veces dejaba mostrar sus sentimientos, ahora abría su corazón con él. Lástima que haya tenido que ser en semejantes circunstancias, se dijo.

Es suficiente.- dijo Fernando.- Salgamos.-

Los dos trepan para salir del foso. Están llenos de tierra y con los músculos atrabancados del cansancio. Ahora falta la peor de las tareas, piensan con sincronismo psíquico.

Pueden entrar dos personas como mamá en semejante hoyo.- dice avergonzado Martín.

Fernando se asoma al borde para verlo en toda su extensión. Estira el cuello para ver el fondo, cuando el canto de la pala le da de lleno en la cabeza, con toda la fuerza de los brazos de Martín. El golpe seco le parte el cráneo y lo tumba de bruces dentro del foso, para caer todo despatarrado, ya muerto. Martín comienza a colocar la tierra en su lugar de origen con una pasmosa tranquilidad, palea y palea mientras cubre el cuerpo de su hermano asesinado. La verticalidad se invierte para volver al terreno llano otra vez.


domingo, 2 de octubre de 2011

Un corazón decente

Hoy si vas a hablar.-
Otra vez la misma historia. Ya te dije que no hay nada.-
No seas necio. Mira.-
El colectivo atiborrado de gente se sacudía como un enorme gusano. La gente con sus caras somnolientas trataban de no dormirse. Yo estaba sentado en uno de los primeros asientos luego de la puerta del centro y podía ver, entre huecos, quien subía. Pero ese Mira ya me anticipaba quien subía. Era ella.
Se toman siempre el mismo colectivo y a la misma hora. No podes darle todo el merito a la casualidad.- Me dijo con esa insistencia que lo caracteriza, y que a veces se saca de las casillas.
Pero la casualidad tiene una gran participación en todo esto, no es dos más dos cuatro, o el cálculo de la órbita de un planeta. Es la aleatoriedad, la entropía que le imprime el universo a nuestras vidas, contra lo que no se puede luchar.- Trate de herirlo en su punto débil.
Lástimas mi sentimientos exactos. Ya se que no es una suma matemática ni tampoco soy experto en relaciones amorosas. Pero no te justifiques tontamente, sabes muy bien que si ordenas algo, células en un tejido y tejido en órgano por ejemplo, se vence, en cierta medida, a las leyes de la termodinámica. Solo se te pide un gasto de energía para mantener ese orden, esa relación.-
El choque le dibujo a los autos una simetría austera, de colina erosionada por lluvias y vientos milenarios. Después de eso no me moví, ni hable, ni llore o volví a reír. Solo escuche.
Pero si utilizó mi energía puede que no llegue a nada, que solo se transforme en en otro tipo que ya a mi no me sirva. Sería malgastarla.- Replique con un cross de derecha al plexo solar. Pero su agilidad, a pesar de su edad, estaba entera.-
Todo es cambio de energía. De mecánica a calórica, de odio a amor, de tristeza a alegría y viceversa. Todo implica un riesgo a tomar. Equivocarse es extremadamente importante, errar es casi elemental. Nos dice que no somos infalibles, pero si que se puede mejorar. Solo dejaste de intentar.-
No tengo ganas ahora de intentar nada. Así que por favor, guarda silencio hasta que nos bajemos.- Lance la orden, a sabiendas que no sería cumplida.-
Y como en una cinta donde se ve pasar los productos del supermercado, la gente se fue moviendo a mi lado. Ya sea por los caprichos de la cinta de Moebius, donde uno empieza en un lado y acaba en el otro, o solo por el azaroso desplazar de la masa en el colectivo, me vi a los pies de la chica, a los pies de ella.
Por fin la suerte nos sonríe. Quizá si la simpática señora se baja, tendrás tu oportunidad.- Me dijo en esa vocecita entre libidinosa y jocosa.-
Basta. Es qué nunca te callas.- Lo reprendí tratando de darle a mi acento irritabilidad.- Además es seguro que no me va a dar ni la hora.-
¿Por qué esa baja de autoestima?.-
Primero: no soy su tipo. Ya que es elegante y esbelta, con un sentido de la estética muy bueno. Mira como se viste. Puede conseguir algo mejor que yo. Segundo: es lógico que busque otra cosa, es hermosa, parece que le va bien el la vida. No, yo no soy para ella.-
Muchos datos detectivescos, que primero habría que comprobar. Después, ya te dije lo de la lógica. La serie que planteas sobre sus cualidades bien podría ser verdad, pero esa es tu lógica que puede ser o no la lógica de ella; que necesariamente no pueden ser iguales. Es como una película sobre crímenes en serie, el policía puede coincidir con la lógica del asesino, como no. No es La lógica, si no UNA lógica. La regla que se aplica a la serie no lleva en si misma como debe aplicarse, puede haber otras igualmente validas.-
Solo oía las voces. La de mi mujer y mi hija. Y sus llantos. Era una especie de experiencia extra-corporea, era un espectador de mi propia muerte. Pensé que ya no me sumergiría más en las matemáticas, ni que daría clases en la facultad. Que sería un ente, una maceta que regarían todos los días sabiendo que no crecería, que inexorablemente se secaría. Luego mi mujer firmo los papeles y creo que morí. O algo así. Lo último que escuche fue, Te amo Juan.
La señora me toco suavemente el codo para pedirme permiso, y se bajo. Y el lugar vacío debía ahora ocuparse. Y se ocupo. Ella se sentó a mi lado, para que su perfume me invadiera las fosas nasales.Me palpe el pecho y ahí estaba. Esa serpiente que me recorría todo el esternón, que viboreaba con la fuerza que solo tiene las cicatrices para rememorar. Lo sentí latir loco, afanado en sus contracciones cada vez más rápidas. Y pensar que fue un corazón de un matemático, un corazón acostumbrado a los teoremas, a los números finitos y primos, a la geometría de Euclides, esa que no tiene fisuras, de triángulos con vértices indisolubles. Pero este si las tenía. Por doquier. Juan, ese era su nombre me dijo cuando lo escuche como un eco en mi cabeza. Juan, el matemático.
No sé por qué me deje llevar, por qué le obedecí. Sea por lo que fuere, esboce unas palabras a la muchacha con la lengua acalambrada por la timidez. Sentí palidecer cuando me escuche, un tonto soy me dije, lo arruine me lamente. La mire un poco de soslayo con el miedo de encontrar un gesto de desaprobación, o peor aún, de rechazo. Pero su boca marco el compás de una sonrisa, y en sus ojos vi un brillo que me animo a seguir.
No quiero vanagloriarme, pero, te lo dije.- Me dijo Juan divertido.