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sábado, 28 de enero de 2012

Verborrágico

"Y ahora toma aire Peñaranda, contén la respiración, ármate de paciencia, papel y lápiz y ábrete párrafo aparte que te voy a dictar un chorizo, lo que este libro al terminar ha de ser, cuando adquiera su prístino genio y figura, cuando acabe, cuando acabe. Un libro así: chocarrero, burletero, puñetero, altanero, arrogante, denigrante, desafiante, insultante, colérico, impúdico, irónico, ilógico, rítmico, cínico, lúgubre, hermético, apóstata, sacrílego, caótico,nostálgico, perifrástico, pleonástico, esquizofrénico, parabólico, paradójico, inservible, irrepetible, irreparable, irresponsable, implacable, indolente, insolente, impertinente, repelente, recurrente, maldiciente, demente, senil, pueril, brujeríl, burlón, ramplón, parcial, sectario, atrabiliario, escabroso, empalagoso, tortuoso, rencoroso, tendencioso, sentencioso,verboso, cenagoso, vertiginoso, luctuoso, memorioso, caprichoso, jactancioso, ocioso, lluvioso, luminoso, oscuro, nublado, empantanado, soleado, alucinado, desquiciado, descentrado, solapado, calculado, obstinado, atrabancado, desorbitado, iracundo, bufo, denso, impío, arcano, arcaico, repetitivo, reiterativo, exhaustivo, obsesivo, jacobino, viperino, luciferino, hereje, iconoclasta, blasfemo, ciego, sordo, necio, obsceno, rojo, negro, terco, torvo, terso, gratuito, execrable, excentrico, paranoico, infame, siniestro, perverso, relapso, pertinaz, veras, veloz, atroz, soez, sagaz, mordaz, feliz, falaz, revelador, olvidadizo, espontáneo, inmoral, insensato, payaso, y como dijimos antes de empezar y para que no se te vaya a olvidar, cuentavidas, deslenguado e hijueputa."
Entre fantasmas, Fernando Vallejo.

jueves, 19 de enero de 2012

La palabra justa

“A menudo hablamos, decimos muchas cosas, pero no hacemos nada y envejecemos en años o en espíritu que es peor. Hay ejemplos a granel, no es necesario recurrir a ellos (. . . ) Por lo tanto, amigo mío, quiero decirte que yo quiero: pensar, decir y sobre todo hacer. Hacer qué me dirás. Es difícil y es fácil de explicarlo. Se sintetiza en una palabra: vivir (. . .) En una sociedad alimentada a sandwiches económicos habrá que vivir en función a esa madeja económica, pero –y comienzan los peros- esa madera es demasiado densa. Unos la aguantan y su razón de ser es precisamente tejer y destejer el ovillo pero éstos son generalmente simples, muy superficiales. Los que tienen algo dentro, medios enredados viven, se debaten, lloran, gimen, se emborrachan o juegan; viven en una angustia ocasionada por cosas que no quieren hacer y hacen y viceversa y de ellos nace un sentido escéptico de la vida. (. . .)¿qué camino nos queda? No será el de los superficiales, no. Me queda uno, el del hombre frustrado, del infeliz, del escéptico. Pero por qué éste es escéptico. Creo padre mío que este hombre se ha equivocado, le dijeron la vida es ésta y aceptó. Yo digo que no, la vida no es una balanza de pesos y acciones. La vida encierra en sí valores que la hacen maravillosa y podrían ser: divinos, poéticos, naturales, humanos y dentro de éste el amor, el odio, la lucha, etc., etc. Lo otro es real, sí, pero es accesorio (lo económico); no pretendo prescindir de lo accesorio pues en este caso es imposible, sólo quiero vivir fundamentalmente sobre esos valores verdaderos o por lo menos esenciales”.Francisco Paco Urondo, carta a su padre (c.1952)

viernes, 6 de enero de 2012

Mil hormigas

Las oigo en el patio. Caminan lentamente, con una paciencia sempiterna. Salen de los arbustos en fila india, una detrás de la otra con la prestancia que tienen los números en una calculadora. Las presiento rozar el concreto del piso, arrastrar sus pequeños pies en dirección hacia la casa. Vienen por mi, me buscan a mi.
El cuarto se torna caliente. Parece como si hubiera pasado aquí dentro una eternidad. Prendo la tele y Peron lanza un discurso con la Plaza de Mayo atestada de trabajadores. Sigo cambiando de canales en una búsqueda vertiginosa por encontrar algo que me ocupe la cabeza y me saque estas ideas. En otro canal veo que las Torres Gemelas, en vivo, caen estrepitosamente gracias a dos aviones. Ya la tele me aburre rápidamente como rápido es el zapping. Abandono la cama y el calendario en el mesa de luz reza que hoy es miércoles 12 de 1987 y debo ir a buscar a tu madre que me espera para ir al cine. Me dirijo hacia el baño pero el sonido de algo que cruje me detiene en seco; creo que es la puerta del patio que se desquebraja en diminutos lugares.
Ya están adentro. Ahora que lo recuerdo deje las flores para la tumba de tu madre en la cocina; seguramente ya llegaron allí, ya que la puerta del patio las comunica. Ya serán, las flores, un recuerdo cercano de algo que ya no existe. Las escaleras ya no son escapatoria y solo me queda ascender.
Miro con sigilo desde el vano de la puerta de mi cuarto para ver si ya están esperándome, pero para mi esperanza todavía no veo rastros de ellas. Salgo con pasos decididos para atravesar el comedor y ganar acceso a la terraza. Cuando doy los primeros pasos mi cuerpo se sacude, bajo mis pies la casa se bambolea imperceptiblemente, como si danzara al son de la suave brisa que sopla afuera. Agudizo los sentidos y siento las miles y miles de pisadas. Venzo mi miedo y veo a tu madre sentada en el comedor, me mira suplicante, me dice que la lleve con ella, que no quiere ser devorada; yo le explico que al que quieren es a mí, que no se preocupe. Después de eso murió, no lo recuerdo bien. Lo único que se es que la amaba con locura, se lo dije ayer, mientras volvíamos del cine. La película fue extremadamente mala.
Los enfermeros duermen la siesta, por eso la sala está desierta. Miro detrás de mi hombro y veo con alivio que mi mujer no me sigue. En cambio la sombra bestial de cientos de cuerpos pequeños se asoma, voraz e insaciable. Es una masa amorfa, sin sentido, compuesta de milésimas de patitas y dientitos que ya acabaron con la mayor parte del mueblar. Creo que su ancestral rencor se remonta desde que les di caza cuando poblaban la maleza de mi patio; ahora vienen a cobrarse la deuda pendiente, la que solo se paga con sangre.
Sorteo los pasillos vacíos y engaño a la seguridad, tomando por asalto las escaleras y luego la amplia terraza. No hay más escapatoria, solo queda una. No quiero caer en sus pequeñas mandíbulas, mi suerte será otra. Llego al borde y la verticalidad me marea un poco. Me tomo de la baranda y veo, en la perpendicular que forma la unión de lo horizontal y lo vertical, a tu madre, que me dice que no. Pero ya no hay vuelta atrás, el monstruo de miles de piezas está a mis espaldas pronto a deleitarse con mi carne. Además de que yo sepa, las hormigas no saben volar.

Por Javier Domingo Candia.