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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Puras mentiras

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de la importancia de las cosas simples, que por ser simplezas no dejan de ser importantes para mi. Y también he descubierto la inutilidad de ciertas cosas. Pero tratando de poner orden en la entropía que maneja mi escritura, comenzare por las cosas simples. Ya hace varios días viene rondando por mi cabeza la idea del despojo, de la perdida de todo, pero no de todo lo material, que será líneas más adelante, sino de lo otro, lo que no se puede medir, de la vida, mi vida para ser más preciso. Pero ese despojarse no es (en mi imaginario) voluntario, si producto de las vicisitudes que me depararían un caer estrepitoso en un abismo, sin ver más allá de mis pies solo oscuridad. Así planteado es una calamidad, el acabose total, y quizá así lo sea, pero en ese momento (si algún día llega) me aferraría a las cosas simples (pero no sencillas, no confundir). ¿Y cuáles son estas cosas simples? se preguntaran; en mi caso las más habitules o comunes, la de casi todos los días: el fútbol con los pibes, la familia, las cenas familiares, con amistades y otras que mezclen ambas o con otros integrantes, la sobremesa, las caricias, la lectura, mi papá, las charlas que se extienden hasta altas horas de la madrugada, mi mamá, los amigos del barrio, escribir, los amigos de la primaria, dormir al sol, los amigos de la secundaria, a las risas, la solidaridad, la lucha por lo que creo, los amigos de la facultad, mi hermana, los besos, y otras con las que no quiero extenderme ya que no es la idea hacer un inventario. Podrá suceder la catástrofe antes citada, pero nunca voy a dejar de ser hijo, hermano, amigo, compañero, amante, novio, padre (en un futuro), médico, escritor, lo demás se dará por esfuerzo, sacrificio y añadidura; de a poco le pierdo miedo al futuro, y pierdo también, o gano mejor dicho, desapego a lo que antes llame inútil, a lo que deje de ser que querían que fuera, a las apariencias, a lo frívolo, que lo que escuchaba y escucho lo que uno tiene que ser para existir, lo que uno tiene que poseer para ser. Me he dado cuenta, tarde o temprano, ya no importa, que son para mi puras mentiras.


Aclaración: El título es robado o tomado prestado de un libro de Juan Forn, que lleva el mismo nombre. Nobleza obliga.

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